martes, 10 de mayo de 2011

ALLY

Sabe dar la pata y cuando lo hace no para. Necesita mucha aprobación y cariño. Le gusta jugar a traer la pelota; en realidad le gusta traer la pelota y hacer que la siga por toda la casa para quitársela del hocico. Puede comer todo el día, come casi todo lo que encuentra incluso plásticos y hasta un par de calzones que ha logrado robarse, pero no come plátano, lo encuentra desagradable. Con su cola va botando lo que se cruza en su camino. Su cola casi nunca deja de moverse, sólo cuando ve a mi hermana a la que no quiere mucho y trata de no demostrarle su cariño. La falta de cariño es mutua, aunque en los últimos días se están haciendo más amigas.

Tiene dotes de alpinista. Primero fue una madera que le impedía el paso y la superó sin dificultad. Luego, fue la madera más otra madera encima, no fue impedimento; más adelante le pusimos una reja: saltaba y hacía ruido, con el tiempo se fue volviendo experta y lograba pasar como si nada, finalmente terminamos rindiéndonos y ahora es la dueña de la escalera.

Y como dueña de la escalera que es, ha decidido que ése será su baño. Por más gritos que reciba ya no le interesa. Es su escalera y es su baño. Sabe que no lo debe hacer porque se esconde cuando alguien va del primer piso al tercero y descubre sus regalos todos los días, en el mismo peldaño.

Cuando salimos a pasear se emociona tanto que en los primeros 2 minutos ya está jadeando y muriéndose de sed. Orina cada dos pasos que da y al dar la vuelta a la cuadra sigue haciendo como quien orina pero ya no tiene más líquido que dejar como rastro.

Tiene muchísima energía y parece que nunca se cansara. Dicen que es el perro más feliz del mundo, no sé cómo puede serlo si ha llevado una vida dura, casi de esclava. La descuidamos pero ella sigue cuidándonos a no ser que nos topemos con locos de la calle o niños con bicicletas a quienes les tiene mucho miedo.

Cada mañana está esperándome y cuando estoy llegando a mi casa, antes de meter la llave en la puerta ya está saludándome con sus ladridos. Parece tan feliz y tan sana, pero está viejita… y a pesar que le han detectado algunos tumores y no se puede hacer nada, no se queja y sigue moviendo la cola, saltando de aquí para allá, dando la pata con insistencia, esperándome en las mañanas a que me despierte y juegue con ella.

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