domingo, 10 de abril de 2011

ELECCIONES: PELEAS EN LA COLA

Parecía ser una mañana tranquila, salí con una sonrisa en el rostro, feliz porque me toca votar a una cuadra de mi casa y no necesito tomar taxi... encontré mi salón rápidamente y había una cola larga que daba la vuelta. En fin, al mal tiempo buena cara, así que saqué mi iPOD, lista para sumergirme en el fabuloso mundo de la lectura y de pronto, de vuelta a la realidad.
Un tipo alto, moreno y de voz gruesa apareció gritando porque había estado esperando y otra señora se había metido antes que él. La historia, en realidad, era que el señor se había confundido de cola,  llegó la señora, preguntó cuál era el salón 107 y entró. Ahí el señor se dio cuenta que alguien había entrado antes que él y empezó a gritar. La presidente de mesa llamó a los encargados de la ONPE, a los marineritos que no sabían cómo reaccionar frente a esto y ella exigía que le pida disculpas. El señor seguía gritando y decía que era un militar retirado y que a él nadie le decía cómo hablar. Bueno, al verse presionado por la multitud, tuvo que bajar la cabeza y pedir disculpas. Para esto ya había guardado mi iPOD para enterarme lo que sucedía. Pregunté que pasaba con nuestra cola que no avanzaba y la gente se animó a desahogarse. Resulta que no teníamos miembros de mesa porque prefirieron pagar su multa y la mesa se abrió tarde con los buenos ciudadanos que habían ido afanosamente a votar a las 8.30 am.
Y cuando ya estaba acercándome a la meta... escucho ahora una voz chillona. Era una miembro de mesa suplente que había ido a votar a las 10 am y se rehusaba a pagar la multa porque decía que ella había estado temprano y no había nadie, así que se fue a su casa a tomar una siesta. Por ahí otros dijeron que la señora efectivamente estuvo temprano, pero cuando la quisieron poner de miembro de mesa dijo que sólo podía por horas y como eso no se puede hacer... es decir, no es un trabajo part- time, se fue a su casa y  cuando regresó, llegó decidida a romper los tímpanos a todos, diciendo que no pagaría la multa.
La gente se alteraba cada vez más, algunos gritaban que ese señor que había entrado no era ningún enfermo o discapacitado, por ahí otros hacían arengas para que las mamás dejen a sus bebés en cunas y no entren antes que nosotros, unos callaban a otros, era el caos total.
Por fin, entré a votar... ya no escuchaba las voces, la calma regresaba para mí al depositar la cédula en el ánfora y con una gran sonrisa me despedi del resto que seguía con sus pleitos... Queridos amigos breñenses nos vemos en la segunda vuelta.

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