martes, 22 de marzo de 2011

VER CON OTROS OJOS

A este año le he puesto de nombre “Mi año sabático”. En realidad, necesitaba un descanso urgente fuera de las aulas para poder ver las cosas de un modo distinto. Estaba cansada de tener ocupados mis fines de semana haciendo planes de clase y materiales, y sentir que el tiempo se me escapaba de las manos. Algo me estaba faltando en la vida.
Cuando me preguntan en qué colegio estoy trabajando, les respondo un poco avergonzada que este año no quiero trabajar. Ellos me responden con sorpresa y envidia: ¡Qué suerte la tuya! Pero no saben lo difícil que es no tener un ingreso mensual. ¿Cómo sobrevivo? De mis ahorros, que cada día van haciéndose más y más insignificantes; tampoco salgo tan seguido, he decidido invertir mi tiempo y mi dinero en aprender nuevas cosas.
Fue así como el ansiado año sabático se convierte en mi año de aprendizajes; uno de estos, el más gratificante hasta el momento es el curso de Braille que llevo en la UNIFÉ. Recuerdo que lo que me motivó más fue el lenguaje de señas y la señora encargada de la universidad me recomendó que tomara también las de Braille. ¡Qué buen consejo!
Llegué súper entusiasmada a la primera clase. Mi profesor es un señor invidente tan o hasta más capaz que muchos de nosotros que sí contamos con el sentido de la vista. Me sorprendí al instante cuando lo vi llegar acompañado de su bastón. Él llegó antes que yo y me guió hasta el salón porque yo no sabía dónde era. Le pregunté si necesitaba que lo ayude a subir las escaleras. Sonrió y me dijo que no era necesario, él podía hacerlo solo. Y así fue. Lección número 1, no creas que ellos no pueden hacer lo que tú crees que no podrías hacer tú.
Aprendí el abecedario con él y la paciencia que tiene es envidiable. Y lo digo como profesora que muchas veces ha perdido la paciencia en las aulas. Me sentó a su lado y fue una clase personalizada. Me hacía preguntas y me mostraba mis aciertos y desaciertos. El Braille es complicado, pero si uno tiene las ganas de aprenderlo le va a ir muy bien. }
¿Para qué estudiarlo?, me decían algunos. Uno nunca sabe lo que el futuro nos depara, no creo en Rosita Chung ni en Josie Diezcanseco. No sabemos a ciencia cierta si mañana despertaremos y seremos capaces de ver como siempre lo hemos hecho, no sabemos si tendremos a un hijo invidente o sordo, si en algún momento nos enamoraremos de una persona con capacidades distintas a las nuestras, si algún día llegará a nuestras aulas un alumno con necesidades diferentes al del resto. Aprender es hermoso, es como descubrir un lenguaje nuevo que siempre estuvo ahí, pero que no lo notamos antes porque nos pusimos la venda de la ignorancia o de la indiferencia, acostumbrados como siempre a lo tradicional, a ver con los ojos.
Practico mucho y quiero dominar el Braille. He leído algunos artículos en Internet acerca de este sistema que muchas variaciones no ha tenido desde que fue creado, pero que aún presenta sus desventajas en cuanto a costos, mantenimiento de los libros, acceso.
Leí que en Estado Unidos muchos de los niños ciegos no aprenden el Braille porque las nuevas tecnologías se ha convertido en una herramienta más económica, práctica y accesible. Me parece genial que existan audiolibros, que la tecnología ayude a las personas a entretenerse, culturizarse; pero sí me llamó la atención, el hecho que el Braille ya no sea enseñado en algunos lugares. Pienso que no hay nada más mágico que ser capaz de descifrar lo que está en relieve en una hoja e imaginar esa voz interna en mi mente que me narra las aventuras de algún personaje, leer a mi ritmo, perderme en la lectura cuando me dé la gana, imaginar sin necesidad de un intermediario que me  lo cuente.  No quiero decir que lo otro sea malo. Sólo es mi opinión, nada más lindo que poder ser capaz de leer y de escribir lo que se nos ocurra.
No había reparado antes en lo capaz que es el ser humano. Yo que estoy acostumbrada a ver con los ojos, me admiro de la capacidad de mi profesor cuando lee con el tacto, cuando se acerca a mi carpeta sin usar el bastón, cuando se da cuenta si alguien está con audífonos, cuando alguien intenta engañarlo.
Pienso que esta experiencia me ha abierto los ojos. Ahora veo diferente, como el zorro decía en el Principito: "Ver con el corazón". Mi año sabático comienza a tener sentido.

1 comentario:

  1. Me encantaría aprender a mí también el lenguaje de señas y el Braille, ojalá algún día pueda darme un tiempo también para seguir estudiando...suerte y paciencia.

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