miércoles, 23 de marzo de 2011

OTRO CUENTO

Este cuento lo hizo mi hermana, partiendo de las mismas palabras con las que inventé el cuento de "La ana". Espero, no me demande por los derechos de autor...

El hombre abrió los ojos y no supo distinguir si aquello era un sueño o la realidad. Su vida era tan miserable que a veces simplemente le gustaba pensar que todo era una horrible pesadilla. Vivía tan absorto en su imaginación que hasta había creado toda una historia, todo un pasado ficticio, como salido de alguno de los muchos libros que había leído en su vida. Y es que si en algo había ocupado su tiempo era en devorar cuanto libro había pasado por sus manos, desde Góngora hasta Benedetti. La mayor parte del tiempo tenía la certeza de haber tenido un buen trabajo, una esposa y un hijo y de haberlo perdido todo repentinamente, pero otras veces dudaba que eso fuese cierto, él vivía completamente solo en esa casa vieja y tenía la impresión que siempre había estado ahí, siempre solo. No tenía amigos ni familiares que se preocuparan por él. No sabía cuantos de los recuerdos eran reales y cuantos eran simples invenciones. En medio de toda esta confusión cambió su adicción a los libros por el alcohol. Cuando estaba borracho lloraba por aquella esposa que lo abandonó, por el hijo que no vio crecer, por la carrera que truncó. Ahora no pasaba los días leyendo, los pasaba bebiendo y cuando despertaba después de una terrible resaca no sabía si realmente había despertado. En los pocos momentos que estaba sobrio, buscaba en su casa algún indicio, alguna pista que indique si era verdad la historia de la esposa, el hijo y el trabajo, alguna foto, carta, ropa, pertenencias, pero la casa solo estaba llena de libros, libros y botellas vacías de ron, nada más y pensaba que tal vez ahí estaba la respuesta a sus dudas, entonces dejaba de buscar y volvía a tomar. En esa rutina se había convertido su vida, en dormir, despertar y tomar, no hablaba con nadie, las pocas veces que salía de su casa era para comprar más licor. Cada vez más seguido, tenía un sueño recurrente, estaba con su esposa y su hijo en una reunión familiar, su hijo jugaba con otros niños, su esposa conversaba con otras personas mientras tejía una chompa de lana y él los miraba, a lo lejos, con absoluta felicidad, pero cuando intentaba acercarse a ellos despertaba bruscamente y bruscamente también la felicidad desaparecía. Entonces volvía a caer en su rutina una y otra vez. Esa  noche estaba borracho, las botellas vacías se acumulaban y tenía la necesidad de seguir bebiendo pero ya casi no tenía dinero, entonces empezó a buscar algún objeto de valor para poder intercambiarlo por una botella de ron, pero no había nada. En plena búsqueda se encontró con un cajón con llave, un cajón de una cómoda de un ropero antiguo. Si tiene llave es porque hay algo de valor, pensó y luego de varios intentos lo pudo abrir. No encontró nada de valor, pero encontró respuestas. Eran fotos, fotos de aquella reunión, la de los sueños, fotos de su esposa y de su hijo. Le pasaron mil cosas por la mente, sintió nauseas y vomitó sobre sí mismo, sobre su chompa de lana a medio terminar. Entonces recordó que esa fue la última vez que los vio y se dijo:  "Sí es real". Esa noche tuvo el mismo sueño recurrente, pero esta vez sí se les pudo acercar, los abrazó con absoluta felicidad y con la seguridad que de este sueño no iba a despertar jamás.

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