domingo, 27 de marzo de 2011

A MIS ALUMNOS

Ser profesora me ha enseñado muchísimas cosas.
No voy a olvidar la primera vez que nos hicieron dictar una clase en un colegio en Puente Piedra. Era mi primer año estudiando Educación, tenía 16 años y entré al salón de 5° de secundaria disfrazada de profesora. Tenía miedo, me temblaban las piernas y sólo veía sombras de 40 alumnos que podrían ser mis amigos y que me trataban de usted. Ahí recién noté la responsabilidad que estaba asumiendo.
Mis prácticas las hice en un colegio de El Agustino, en San Jacinto. Tenía miedo porque no es una zona tranquila; más de una vez intenté subirme al micro y tres tipos aprovechaban para robar a los pasajeros del carro que acababa de parar. Nunca me hicieron nada, sabían que iba a dictar clases y por eso no me robaban.
Ahí fui tutora de primero de secundaria y fue muy bonito cuando el día de mi cumpleaños y el del otro tutor que hacía prácticas conmigo, los chicos juntaron un poco de dinero para comprarnos una torta. También tuve la suerte que uno de los alumnos me elija como su madrina cuando se bautizó ese año. Han pasado 4 años y no los he vuelto a ver, pero tratamos de comunicamos por el msn y es muy agradable volver a saber de ellos ahora que ya son promoción.
Cada alumno deja una huella, cada uno tiene su característica especial que lo hace diferente, único.
Recuerdo con nostalgia a mis alumnos de mi primer trabajo. Entré a enseñar a primaria y creí que no lo podría hacer, pero tuve alumnitos tan lindos que fue muy fácil adaptarse y pasarla bien. Primaria era un mundo distinto, los niños se sorprenden de muchas cosas y son muy cariñosos.
Pero, los de secundaria no dejan de ser niños por completo, son muy especiales para mí. Extraño a mis alumnos grandotes del JLB con los que pasé dos años muy divertidos y con los que aprendí muchísimo. Son chicos pilas y creativos, que no tienen miedo a nada, son muy críticos y saben hacer respetar sus ideas.
No me pude despedir de ellos porque me dio mucha pena dejarlos, pero siempre los recuerdo con una sonrisa, siempre tengo a la mano una anécdota de ellos, siempre los imagino bailando, jugando, divirtiéndose…
Por ellos es que dan ganas de seguir educando.

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