sábado, 26 de marzo de 2011

MI PRIMER AMOR


Yo estaba en segundo grado de primaria cuando lo vi llegar. Era lindo, el niño más bonito que había visto en mi vida. Recién había llegado de Japón y no se le quitaba la costumbre de sacarse los zapatos durante las clases. Siempre sonreía y sonreía tanto que casi no se le veían los ojos.
Eran épocas distintas y muy buenas, nos divertíamos jugando a las chapadas, que es diferente al juego de la botella borracha que consiste en chapar… Jugábamos de todo y de nada nos aburríamos. 
Un día le escribí una carta de amor, que nunca llegó a sus manos porque mi hermana chismosa por poco y la lee. Me reclamó por qué no le había dicho que estaba enamorada y le dije que era un secreto. Ella me dijo: mentira… si es un secreto, ¿cómo es que en la carta dice que tu amiga va a recibir la carta de respuesta? La odié en ese momento. Me comí la carta como José Olaya para que nadie la lea.
El mejor recuerdo que tengo fue cuando supuestamente se organizó en el salón un concurso de reina de la primavera, no sé cómo pero resulté ganadora, creo que yo fui la única candidata porque el resto de chicas ni sabían del concurso. La profesora me llamó al frente de todos y me dio una corona de cartón con lentejuelas y dos varitas de mariposas. Ella dijo que era un regalo de la mamá del chiquito bonito que yo adoraba.
Yo estaba tan feliz con mi corona y recuerdo que en mi casa le pregunté a mi mamá si era de oro. Ella me dijo: No, es cartón con lentejuelas. Pero esa respuesta no me importó, yo estaba más feliz que nunca.
Algunas veces  iba a su casa a jugar con él y con sus primos. Él no me trataba con mucha amabilidad; cuando se trata de juegos de niños no hay nada mejor que ganar al otro aun si existe todo un romance de 3 años.
Estaba enamorada y me sentí muy bien a pesar que nunca recibí una carta de él, ni un besito, ni un indicio que él también me quería.  Qué lindo es enamorarse a los 7 años cuando no hay complicaciones, cuando es un amor desinteresado que se basa en el juego.
Él se fue a otro colegio y me quedé muy triste pensando qué sería de nuestras vidas en algunos años, y luego de 4 años, volvió. Habíamos crecido, muchas cosas habían cambiado, conversamos de todo… y ahora 18 años después de haber escrito esa carta que nunca llegó a sus manos, sigo viendo al niño lindo con la gran sonrisa que hace que no se le vean los ojos y de vez en cuando recordamos esta historia de amor mientras nos tomamos un cafecito en Starbucks…
                                                                                                                         

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