jueves, 24 de marzo de 2011

ME- METRO- POLI-TANO...

Me gusta el Metropolitano (aunque eso no signifique que vaya a votar por Castañeda) Por primera vez me siento parte de un minimundo cuasi civilizado.
En la Av. Alfonso Ugarte, miro con desconfianza a todos lados y espero y desespero hasta que el semáforo cambie. Una vez que llego, qué alivio siento; sigo estando en la misma avenida, pero me siento protegida por los fierros y las puertas de vidrio. Muestro mi tarjeta en la maquinita y me dice que aún tengo saldo. Pregunto y  los orientadores son amables; veo una cola y ahí me paro a esperar el Regular B.
Las puertas se abren y no hay cobrador que me llame, me jale, intente aprovecharse metiendo la mano, no hay la canción de fondo “sube, sube, sube, pisa, avanza,  al fondo hay sitio”, etc.
Algunos hasta ofrecen sus asientos, ¿confundirán el sobrepeso con el embarazo o aún queda gente buena?
El Metropolitano se detiene, las puertas se abren y no hay discusiones sobre si es paradero o no, nadie hace berrinche gritando que quiere bajar a mitad de la cuadra, no hay el típico pleito por los 20 céntimos de más con el cobrador.
Pero no todo es felicidad… ahora, contaré otros pequeños detalles, pequeñas cosas que nos demuestran que aún existen animales salvajes en nuestro intento por ser civilizados.
En la Av. Alfonso Ugarte, antes de llegar a la estación España, se ve gente loca  cruzando la pista cuando el semáforo está en rojo para los peatones e intentan ganarles a los micros que pasan volando; el policía, que está de adorno, ya hizo su trabajo con poner papeletas a peatones el primer día que se hizo efectiva la ley, así que no se hace hígado y sigue moviendo el brazo para que los carros no se detengan.
Olvidé contar también que en antes de subir al Metropolitano, la gente civilizada forma una fila que desaparece cuando las puertas se abren, y ni te creas muy vivo si estabas al final de la cola y apareciste primero, porque  aquí aparece otro, aún más vivo que tú que llega corriendo y sudando, y por arte de magia ingresa antes que el resto.
Otro pequeño detalle, si bien es cierto hay quienes ofrecen sus asientos, hay otros personajes que se ocultan en los asientos rojos; algunos en los brazos de Morfeo toman la siesta de su vida de la que nadie los puede despertar, otros hacen oídos sordos con sus audífonos, también hay quienes están tan ocupados con el celular que pierden noción de tiempo y espacio. Hay de todo. Hoy vi a una chica con audífonos, no escuchó cuando le dijeron que el asiento era reservado para una señora con su hijo discapacitado. Otra persona que estaba en un asiento alejado le cedió el asiento, y te estarás preguntando ¿ y por qué, si tanto te quejas, no cediste el tuyo? Pues, porque me fui parada todo el camino; otro detalle, en algunas horas se hace necesario más Expresos.
Bueno, me imagino que poco a poco esto irá cambiando, tiene que cambiar, ya me cansé de vivir como cavernícola.

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