miércoles, 23 de marzo de 2011

"LA ANA"

Este cuento lo hice hace mucho tiempo, en un intento con mi hermana y mi prima de crear historias a partir de palabras que surgieron al azar. Las palabras eran lana, borracho y no me acuerdo qué más. En fin, esta es la historia que salió...

“Lana”, como la conocen sus amigos de barrio, tiene solo 15 y ya decidió fugarse con el Piter. Ella, el alma de las polladas, experta en sacar provecho de todo, desde sus atributos exagerados hasta el último hueso para el aguadito de la mañana, era la más codiciada, la más querida, la más estimada.

“Un sol no me va a hacer rico, ni a ti pobre...” ¡Ja! Lana no se tragaba esa estúpida frase, así como desconfiaba de tantas cosas más. Su personalidad dura, su austeridad, su fuerza descomunal la hacían interesante. Tenía un futuro por delante, decía su madre... pero la tonta ésta decidió escaparse sin terminar el colegio, sin terminar de organizar la reunión del próximo sábado, todo por la culpa del borracho del Piter, ay si lo encuentro algún día, ¡desgraciado!

Romina, 15 años y casi una empresaria. En su cole, la popular y en casa, la engreída de todos. Casi una empresaria porque su papi le dio un poco de capital para que inicie su propio negocio: confección de chalinas y venta de accesorios de lo más chic. Asidua a las discotecas del Sur y experta en conseguir lo que quiere sólo con un berrinche y un par de lágrimas falsas. Sabe lo que está de moda porque está suscrita a un website de lo más cool.

Romina y Sebas han decidido huir, al menos hasta que las aguas se calmen. Un bebé es demasiado para el futuro que sus progenitores ya han trazado a corto plazo.

Lana no piensa volver a casa con una barriga que cada día crece más y que implica una boca más que alimentar, pero ya se cansó de estar escondida y sale del hostal en donde se esconde desde que se fugó.

Romina mira por la ventana desde un hostal de Surco límite con San Juan de Miraflores y a través de sus lágrimas, esta vez reales, observa un rostro pensativo y una barriga que se asoma en una joven de su misma edad.

Romina se sienta en la cama y mira a Sebas con rencor, mientras las lágrimas siguen cayendo. Lana se seca las lágrimas y decide luchar.

“Esto es lo que vamos a hacer” Lana coge fuertemente el brazo de Piter y las combis pasan como rayos en la Panamericana sur. Sebas llora y le pide perdón. “La cagaste, huevón. Ahora, asume las consecuencias”

Así Romina y Sebas salen del hostal, caminan sin rumbo y los pasos cada vez se hacen más lentos, más pesados... Romina vuelve a ver a Lana, esta vez la ve de cerca y piensa en la suerte que tiene esta chica.

Romina sigue con su andar despacio y siente que todos la miran. Por primera vez baja la cabeza ante una multitud de raza mestiza y entra a un consultorio clandestino.

A lo lejos se ve al Piter mirando roponcitos de bebé y Lana cogiéndolo del brazo se toca la barriga y piensa en el futuro incierto que está por llegar y que nadie jamás se preocupó por trazarle ni siquiera a largo plazo.

11.17 pm

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