miércoles, 23 de marzo de 2011

ESQUINA BAJA!!!

Todo buen limeño sabe que la combi es el lugar ideal para tomar una siesta, leer algo, meditar, comer como cerdo, comprar accesorios traídos de las cárceles y centros de rehabilitación. Es el lugar ideal para gritar con el Nextel, empujar a la gente si tuviste un mal día, cantar con el chofer, bolsiquear a los inocentes, pelear con el cobrador, etc. Por lo visto, también sirve de inspiración... Aquí otro cuento de mi hermana...

Abro los ojos y no sé donde estoy, tardo unos minutos en darme cuenta que sigo en el mismo lugar. Hay un hedor insoportable en el ambiente, siento me falta el aire y casi no puedo respirar. Miro a mi alrededor y sólo veo gente por todos lados, algunos parecen sin vida y pienso que tal vez el hedor proviene de sus cuerpos putrefactos que quizás llevan días en este lugar. Se me viene a la mente esa imagen del purgatorio que muchas veces vemos en las películas, gente hacinada en un espacio reducido, apretados, con rostros llenos de sufrimiento y llego a pensar que tal vez he muerto y esto sea el purgatorio, empiezo a convencerme de ello, pero unos gritos me devuelven a la realidad. Son los gritos de un hombre, desagradable a la vista y con mala actitud, que sigue dejando entrar más gente. Trato de pensar en otra cosa, de viajar con la imaginación a otro momento en otro lugar, normalmente es algo que hago con frecuencia,  pero esta vez el olor y los gritos no me dejan, no puedo concentrarme, no puedo dejar de estar acá. No sé cuanto tiempo mas tendré que soportar esta tortura, aún no lo puedo saber y me angustio. Toda esta situación me pone tensa, más de lo normal, temo por mi vida y no veo las horas de ser libre. Pasan unos minutos más y algo me dice que es el momento, trato de avanzar entre la multitud pero es casi imposible, los seres inanimados no se mueven y tengo que empujar sus pesos muertos para poder salir. Finalmente llego y le doy unas monedas al hombre desagradable por mi libertad, dice que no es suficiente pero no tengo más. Dice algo entre dientes, supongo que algún insulto pero lo ignoro. Mi momento ha llegado y no tengo tiempo para responderle, lo único que atino decir es: “Baja en la esquina”. La tortura ha terminado, al menos por hoy.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario